Las opiniones vertidas son de sus autores, y no representan el modo de pensar del Editor, del Peruvian American Endowment, de sus Directores, ni mucho menos de Cayetano Heredia. Puede contener material que sea considerado ofensivo o inapropiado.
CAYETANO HEREDIA: PROMOCION '74 "Dr. Homero Silva Díaz"
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"La Voz del Cachimbo" |
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Fundado 1967 |
Año XXXV |
Director Jaime Arias Congrains |
Especial 30/Jul/02 10:31 a.m. |
Esta es una edición especial del semanario con ocasión de las Fiestas Patrias.
Como ya terminé el árbol genealógico tridimensional de Jasón y los Argonautas se los estoy mandando como archivo adjunto en formato word: Jasón.doc, además en formato jpg les estoy enviando como archivo adjunto un mapa de la Grecia Antigua: Grecia.jpg y un dibujo tridimensional de la geografía de Grecia: GeoGrecia.jpg, muy ilustrativo de la estrecha relación que guarda con la fascinante cultura de su pueblo.Termino la edición extraordinaria con extractos digitalizados del último capítulo del libro escrito por Arnold Toynbee titulado EL MUNDO Y EL OCCIDENTE (4ª Edición 1958), que tiene apenas unas 100 páginas, ya que su obra fundamental: ESTUDIO DE LA HISTORIA tiene 10 tomos y es tan densa que sólo ha sido leída en su integridad por especialistas
Bueno pues, a continuación el extracto, que estoy seguro que lo van a disfrutar tanto como yo lo hice, hace ya tanto tiempo que lo leí y ahora que lo he releído. Un sano consejo es imprimirlo para apreciar aún más su lectura (son apenas 3 páginas):EL MUNDO Y LOS GRIEGOS
Cada alma, cada tribu o secta se cree que es la persona escogida. y la falsedad de nuestra creencia en nuestro propio y único valor no llegamos a advertirla con facilidad.
Nosotros los occidentales como seres humanos. Creemos que lo que hemos hecho en el mundo, en los escasos siglos últimos, es algo sin precedentes. Un remedio eficaz para esta ilusión es volver atrás y considerar lo que hicieron por el mundo los griegos. Veremos que, en. su día, sobrepasaron al mundo, y creyeron que ellos no eran como los demás hombres. Encontraremos que en la historia del conflicto del mundo con los griegos y en particular a lo que concierne a la autoestimación de los griego acerca de su propio valor, no resistió a la prueba de ser pesada en la verdadera balanza de la Historia.
La expansión del Occidente con el descubrimiento de América tuvo su contrapartida en la expansión del mundo griego durante y después de la generación de Alejandro Magno, en la marcha de Alejandro a través de Asia, desde los Dardanelos al Panjab. En el siglo II a. C., los griegos conquistaron desde la India hasta Bengala. El griego básico en que estaba escrito el Nuevo Testamento en el siglo I de la Era cristiana se hablaba y comprendía desde Travancore hasta el hinterland de Marsella. Al mismo tiempo, el arte griego, al servicio de una religión india el budismo, viajaba pacíficamente hacia el Nordeste, a lo largo de un camino que eventualmente lo conducía a través de China hasta Corea y Japón. Así, pues, desde un punto de vista puramente geográfico, la cultura griega se extendió en su día tan anchamente en el mundo antiguo como nuestra cultura occidental se extendió en el suyo; y en una época que no había conocido aún la emergencia de las civilizaciones indígenas de las Américas, los griegos podían alardear, como podemos hacerlo nosotros hoy, de que, sobre la superficie del planeta (cuya forma y tamaño los griegos calcularon agudamente), toda civilización de entonces había sido alcanzada y penetrada por la radiación de su cultura, que conquistaba al mundo.
Este impacto de la cultura griega sobre el mundo, durante y después del siglo IV a. C., causó en el mundo tan punzante sacudida como el impacto de nuestra moderna cultura occidental lo ha estado causando desde el siglo xv de nuestra era.
Nosotros hemos podido leer la Historia en nuestra propia memoria, sin necesidad de consultar los documentos de los griegos. Pero ahora estamos llegando al punto en que la historia griega es nuestra mejor fuente de información potencial acerca de lo que nos espera.
Por supuesto, no me propongo sugerir que podamos calcular un horóscopo de nuestro propio futuro observando lo que sucedió en la historia griega más allá de ese punto en que nuestra información acaba, y luego trasladar mecánicamente esta información griega a términos modernos y occidentales. La Historia no se repite automáticamente; y lo más que un oráculo griego puede hacer por nosotros es revelarnos una alternativa entre cierta cantidad de posibles desenlaces de nuestro propio drama. En nuestro caso, es posible que el argumento no se desarrolle hacia la conclusión griega.
Es concebible que nosotros, los occidentales, y nuestros contemporáneos. los no occidentales, podamos dar al curso de nuestro mutuo conflicto un giro completamente diferente y que no tenga su contrapartida en la historia griega. Al mirar con atención hacia el futuro, estamos tanteando en la oscuridad y debemos ponernos en guardia contra la creencia de que podemos trazar el oculto camino que hay entre nosotros. Pero igualmente, sería tonto no hacer caso de algún rayo de luz que brillara ante nosotros; y la luz reflejada sobré nuestro futuro por el espejo de la historia griega es, en cualquier caso. el fulgor más luminoso que nos es visible.
Cuando comparemos el siglo Ii a.C de Grecia con el siglo II. d.C.. veremos ue en el intervalo ha habido aquí un, cambio afortunado, que, desgraciadamente, no ha tenido paralelo en nuestra historia occidental hasta la fecha. En el siglo II a. C., el mundo griego estuvo atormentado por revoluciones, guerras y rumores de guerras. y hervía de tumulto y violencia tan enfebrecidamente como nuestro mundo occidental actual; pero, hacia la mitad del siglo II d. C., hallamos que la paz reina desde el Ganges al Tyne. Toda esta vasta área que se extiende desde la India a Britania, en la que la civilización grecorromana se ha propagado por la fuerza de las armas, está dividida en este momento de la Historia nada menos que en tres estados, y los tres intentan vivir, pegados unos a otros, con la mínima fricción posible. El Imperio de Grecia y Roma a todo lo largo de las costas del Mediterráneo: el Imperio parto, en Iraq a Irán; y el Imperio kushan, en Asia Central, Afganistán a Indostán. cubren el conjunto del mundo grecorromano. Y aunque los constructores y dueños de estos tres imperios no son griegos de origen, sin embargo. todos son «filohelenos», nombre del que se sienten orgullosos; es decir, consideran que es deber y privilegio suyo el fomentar la cultura griega y aplaudir las autonomías municipales. en las que : conserva vivo este modo de vida griego.
Examinemos ahora lo que alienta en los corazones y espíritus de los millones de griegos y los millones de helenizados y semihelenizados, ex orientales y ex bárbaros que viven en paz en el siglo II.
Las aguas de la guerra y de la revolución, que cubrieron las almas de los bisabuelos de esta generación, se hallan ahora en reflujo. y la pesadilla de aquel tiempo de perturbaciones ha cesado, hace tiempo, de ser un recuerdo vivo. La vida social se ha estabilizado. gracias a la habilidad constructiva de los hombres de Estado, y, aunque el nuevo orden no ha logrado .los ideales de justicia social, es tolerable incluso para los campesinos y el proletariado, en tanto que para todas las clases es, sin disputa preferible a la anarquía ismaelita. a la que ha puesto cumplido fin. La vida es ahora más segura que lo fue en la época precedente; pero por esta misma razón es también más monótona. Como anestésicos humanos, un César. un Arsaces v un Kanishka han sacado el aguijón de aquellas cuestiones políticas y económicas. tan excitantes en otro tiempo y ahora ya casi olvidadas. que fueron la sal, así como el veneno, de la vida humana. La benévola actuación de un eficaz gobierno autoritario ha creado, inintencionadamente, un vacío espiritual en las almas humanas.
¿Cómo se llenará este vacío espiritual? Esta es la gran cuestión en el mundo griego en el siglo II d. C.: pero los espíritus sofisticados de los funcionarios y de los filósofos se hallan todavía en la ignorancia de. que existan tales cuestiones en la agenda. Las personas que han leído las señales de los tiempos y que han actuado a la luz de estas indicaciones no son más que oscuros misioneros de media docena de religiones orientales. En el prolongado encuentro entre el mundo y los griegos, estos predicadores de religiones desconocidas han quitado suavemente la iniciativa de manos griegas, tan suavemente que aquellas duras manos no han sentido el contacto y, hasta ahora, no están alarmados. Pero, a pesar de todo, la marea, en este probar sus fuerzas los griegos con el mundo, se ha replegado. La ofensiva griega ha perdido su fuerza; una contraofensiva está llegando; pero a este contramovimiento todavía no se le conoce en lo que vale, porque se está lanzando en un plano diferente. La ofensiva ha sido militar, política y económica; la contraofensiva es religiosa. Este nuestro movimiento religioso tiene ante sí un prodigioso futuro, como el tiempo va a mostrar. ¿Cuáles serán los secretos de sus éxitos venideros? Hay tres, los que a continuación vamos a indicar.
Un factor que, en el siglo II d. C., está favoreciendo la ascensión y difusión de las nuevas religiones es el cansancio de las colisiones entre las culturas.
Hemos visto a los orientales respondiendo al reto de una cultura griega radiactiva según dos líneas antitéticas. Hubo estadistas de la escuela de Herodes el Grande que, para poder vivir en un ambiente cultural griego, prescribían aclimatación a ese ambiente, y hubo fanáticos cuyas prescripciones consistieron en ignorar el cambio de clima y continuar conduciéndose como si tal cambio no hubiera ocurrido. Después de un agotador ensayo de estas estrategias, el fanatismo quedó desacreditado por desastroso, mientras que la política de Herodes se desacreditó por insatisfactoria. Con cualquiera de estas dos estrategias esta guerra cultural no podía conducir a ninguna parte y la moraleja de este anticlímax es que ninguna cultura humana particular puede hacer valer su presuntuoso intento de constituirse en talismán espiritual. Los espíritus desilusionados y los corazones decepcionados están, en este tiempo, dispuestos a aceptar un evangelio que se eleve sobre estas áridas pretensiones y antipretensiones culturales. Existe, pues, una oportunidad para una sociedad nueva en la que no habrá ni escitas, ni judíos, ni griegos, ni esclavos, ni libres, ni varones, ni hembras; una sociedad en la que todos serán uno en Jesucristo, o en Mitra, Cibeles o Isis, o en uno de los bodhisattwas, un Amitabha o quizá un Avalokita.
Un ideal de fraternidad humana que sobrepase las colisiones de cultura es, pues, el primer secreto del éxito de estas nuevas religiones; y el segundo secreto es que estas nuevas sociedades, abiertas a todos los seres humanos, sin discriminaciones culturales, clasistas o de sexo lleven también a sus miembros a una salvadora unión con un ser sobrehumano, pues la lección de que la naturaleza humana, sin la gracia de Dios, no es suficiente se ha grabado profundamente ahora en los corazones de una generación que ha presenciado la tragedia de un tiempo de perturbaciones seguido de la ironía de una paz ecuménica.
Hasta dos especies de dioses humanos, por lo menos, se han ensayado hasta este momento, y las dos son consideradas deficientes. El militar deificado ha constituido un flagrante escándalo. Alejandro, como los piratas tirrenos le dijeron en su cara en la historia que nos cuenta San Agustín, habría sido llamado no un dios, sino un bandido, si hubiera hecho lo que hizo con un par de cómplices en lugar de con un ejército completo. ¿Y el policía deificado? Augusto, actualmente, se ha convertido en un policía, por haber liquidado a todos sus gangsters y compinches; hay que estarle agradecidos por ello; pero, cuando se nos requiere para que le expresemos nuestra gratitud, adorándole como a un dios, a este gangster regenerado, no podemos cumplirlo con mucha convicción o entusiasmo; y, sin embargo, nuestros corazones están hambrientos por una divinidad a la que podamos adorar en cuerpo y alma.
Con los dioses que han hecho su epifanía con las nuevas religiones estamos, al menos, en presencia de divinidades a'`'las que podemos dedicarnos con todo nuestro corazón, nuestro espíritu y nuestras fuerzas. Mitra nos conducirá como nuestro capitán. Isis nos cuidará como nuestra madre. Cristo se ha desprendido de su poder divino y de su gloria para encarnarse como hombre y ser crucificado por amor a nosotros. Y por nuestro amor, igualmente, un bodhisattwa, que ha alcanzado el umbral del Nirvana., se ha abstenido de dar el último paso hacia la felicidad. Este heroico explorador se ha condenado deliberadamente a seguir vagando en el doloroso camino de la existencia eternidades tras eternidades: y ha hecho este gran sacrificio por amor a sus hermanos. cuyos pies él puede guiar hacia la salvación durante tanto tiempo como pague el inmenso precio de permanecer él mismo como un ser que siente y sufre.
Estos fueron los mensajes de las nuevas religiones a una mayoría de la Humanidad que, en el mundo griego, durante la época de paz imperial, estaba cansada v gravemente abrumada, como sin duda lo está en todos los tiempos y lugares.
Pero ¿qué ocurre con la minoría dominante griega que había devastado el mundo conquistándolo y saqueándolo y que ahora patrullaba por las ruinas como gendarmes por cuenta propia? «Hacen un desierto y lo llaman paz, es el veredicto que, sobre su labor, uno de sus propios hombres de letras pone en boca de una de las víctimas bárbaras. ¿Cómo responderían estos cínicos y sofisticados dueños del mundo, los griegos al desafío de la contraofensiva del mundo sobre el plano religioso, que era la respuesta del mundo a la anterior ofensiva sobre el plano bélico y político de sus gobernantes? Si examinamos los corazones de los griegos a mediados del siglo II d.C. hallamos también en ellos un vacío espiritual, pues estos primeros conquistadores del mundo, semejantes a nosotros. que somos su actual contrapartida occidental, habían desechado hacía mucho tiempo su religión ancestral. El modo de vida que eligieron para sí mismos. y que ofrecieron a todos los orientales y bárbaros a los que colocaron bajo la influencia cultural griega, fue un modo secular, en que se encomendaron al intelecto los deberes del corazón, creando filosofías que ocuparon el lugar de la religión. Estas filosofías, que eran para liberar el espíritu, ataban el alma a la dolorosa rueda de la ley natural: De arriba abajo, de acá para allá. vueltas y vueltas...: era el ritmo del universo. monótono y carente de sentido. Cualquier hombre de inteligencia media que haya llegado a la edad de cuarenta años habrá experimentado todo lo que ha sido, lo que es v lo que está por venir. Esta desilusionada minoría dominante griega sufría, en efecto, la misma hambre espiritual que la mayoría de la Humanidad contemporánea; pero las nuevas religiones que se ofrecían ahora a todos los hombres y mujeres, sin distinción de personas, se habrían atragantado en la garganta de un filósofo si los misioneros no hubieran endulzado para él la extraña píldora; y así, por amor de realizar su última y más dura tarea de convertir a un obstinado coro de público pagano, de educación griega, las nuevas religiones se vistieron con diversos trajes griegos. Todas ellas, desde, el budismo al cristianismo inclusive, se ofrecieron visualmente con un estilo artístico griego, y el cristianismo avanzó aún más al presentarse intelectualmente como filosofía griega.
Este, pues, fue el último capítulo en la historia del encuentro del mundo con los griegos. Después que los griegos y los romanos conquistaron al mundo por la fuerza de las armas, el mundo hizo prisioneros a sus conquistadores, convirtiéndolos a las nuevas religiones. las cuales dirigían su mensaje a todas las almas humanas, sin discriminar entre gobernantes y sometidos, o entre griegos, orientales y bárbaros. ¿Se escribiría algo semejante a esta histórica catástrofe del pasado griego en la historia aún por terminar del encuentro del mundo con el Occidente? No podemos decirlo, puesto que no podemos predecir el futuro. Solamente podemos observar que algo que realmente ha sucedido una vez en otro episodio de la Historia debe ser, al menos, una de las posibilidades que se alzan ante nosotros.
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